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El 16 de octubre de 1898 se instaló en un lugar de Itacurubí del Rosario llamado Ñanducuá (San Pedro) el grupo más numeroso de italianos que había llegado a Paraguay. Procedían de varias ciudades de Sicilia. Bautizaron el lugar “Colonia Trinacria” (hoy, Santa Clara).

La Colonia según Boggiani

“Entre ellos estaba mi abuelo, Angelo Giovine, con su familia, que no eran sicilianos”, escribe la arquitecta de origen abruzzese Lucia Giovine. “Mi abuelo estudió la Universidad de Catania y allí conoció a los organizadores del grupo y se les unió. Su hermana Elodia, maestra diplomada en Italia, fue la primera directora de la escuela que se abrió en la Colonia”. Lucia cuenta que un día, ordenando su biblioteca, encontró un viejo artículo en italiano. Lleva la firma del célebre etnólogo, pintor y fotógrafo radicado en Paraguay, Guido Boggiani. Se publicó en L’IIlustrazione Italiana el 25 de noviembre de 1899. En artículo, Boggiani describe lo que vio en Colonia Trinacria. Interesada, Lucia decidió traducirlo, con la ayuda de unos amigos. A modo de homenaje “a estos valientes italianos”, quiso compartir con itAsunción una síntesis de dicho artículo.

Un artículo en Italia sobre la Colonia

El artículo se titula: “La nueva colonia siciliana Trinacria en Paraguay”. Se encuentra hoy en el libro "La Colonia Trinacria in Praguay", del historiador siciliano Marcello Saija. Cuenta que el grupo fue organizado por la “Società Colonizzatrice Italo-Americana”, empresa fundada por el Dr. Giuseppe De Stefano Paternó en Catania (Sicilia) en 1897. La Colonia tuvo muchos problemas desde el comienzo. Las quejas de los colonos disconformes llegaron hasta el Gobierno de Italia. Éste le encargó a su Ministro Plenipotenciario ante Argentina, Paraguay y Uruguay - el marqués Obizzo Malaspina di Carbonara - que visitara el sitio para constatar personalmente la situación. Malaspina, a su vez, pidió a Guido Boggiani, que ya vivía en Paraguay, que lo acompañara.

Escribe Boggiani...

Boggiani relata que el Gobierno Paraguayo había cedido a la Italo-Americana un terreno de 19 leguas cuadradas (aproximadamente 271 kilómetros cuadrados). Se ubicaba en el Partido de Itacurubí del Rosario, a unas 50 millas al norte de Asunción. Era la primera porción de territorio que Paraguay se había comprometido a ceder gratuitamente a la Società Colonizzatrice para el establecimiento de sus colonias. Boggiani describe los terrenos: “bellos, con buenos campos, llanuras, cubiertas por magnífico pasto que podrán dar cómodamente vida a más de diez mil cabezas de ganado bovino". "Las tierras más altas están cubiertas con una lozana vegetación arbórea. Son tierras fertilísimas y aptas para todo rubro de cultivos”. El aspecto general era “sumamente pintoresco y con gran porvenir, y no falta agua”.

Desde Asunción hasta la Colonia

Más adelante, Boggiani describe el viaje y la llegada a la colonia. “Desde Asunción, subiendo el gran río Paraguay, navegando en grandes y veloces vapores, se llega al puerto de Villa del Rosario en menos de doce horas de agradabilísimo viaje. Al pueblo de Villa del Rosario, que queda a un par de kilómetros, desde la orilla del río se puede llegar por tierra o por agua, en pequeñas embarcaciones”. Boggiani y Malaspina fueron por agua. Impresionado por la hermosura del río, el etnólogo se expresó así: “Difícilmente se puede tener una idea de la belleza de cada uno de estos ríos, cuyas aguas están cubiertas (…) por grandes extensiones de plantas acuáticas de un bello color verde esmeralda, ostentando a menudo maravillosos reflejos de color violeta. De ambas orillas se veían reflejadas las copas de los robustos árboles, de cuyas ramas cuelgan enmarañados larguísimos tallos de las flexibles lianas”.

Problemas y esfuerzos

“Es una gloria interminable de colores que varían siempre con nuevos efectos de luces y sombras…” continúa entusiasta Boggiani. Desde Villa del Rosario a la Trinacria se recorría un camino de cinco o seis kilómetros. Al principio se había pensado establecer el primer núcleo de población cerca del río Paraguay. Pero, “cediendo a presiones de algunos mal intencionados, deseosos de crear problemas”, después de dejar el terreno casi listo (incluso con pozos, depósitos, corrales y otras construcciones), abandonaron todo. Se establecieron en el extremo opuesto, a unos 45 km del río Paraguay, en un lugar llamado Santa Clara. Su antiguo propietario había establecido allí una estancia ganadera. “Allá encontraron una buena casa ya hecha, en la cual se estableció la administración; y algunos ranchos perfectamente habitables y también en las cercanías muchos habitantes paraguayos, establecidos desde hace tiempo, con sus pequeñas plantaciones y sus animales”.

"Una corriente de simpatía"

“Algunos de estos cedieron a los nuevos vecinos sus derechos sobre sus pequeñas parcelas de terreno y sus casas y plantaciones, mediante pequeñas compensaciones en dinero". Otros ofrecieron su mano de obra y su experiencia a los nuevos colonos. La idea era ayudarlos a iniciar sus haciendas, deforestar los primeros espacios de terreno y también para hacer cercados y preparar la tierra para sembrar”. “Se estableció de tal modo una corriente de simpatía entre los antiguos y los nuevos habitantes". Eso "trajo consigo buenos frutos y mejoría para el futuro”. Durante esa expedición, Malaspina y Boggiani visitaron a algunas familias. Observaron el progreso que ya habían conseguido en el primer año de su instalación. También visitaron algunas plantaciones y, después de cerca de doce horas de cabalgata, volvieron a Santa Clara.

Colonia - Trinacria In Paraguay Buena
Pozo de agua en la Colonia, con algunos de los primeros moradores. El hombre de saco oscuro de la derecha es Angelo Giovine.

"La prosperidad dependerá de la buena voluntad"

Acotaba Guido Boggiani que “la prosperidad de la Trinacria como en general la de todas las futuras colonias que quieran implantarse en Paraguay, dependerá, sin dudas, principalmente de la buena voluntad de trabajar, de la constancia y de la armonía que reine entre los futuros colonos. Acá en Paraguay encontrarán tierra excelente en abundancia, un clima excepcionalmente sano y, por parte del Gobierno, protección y ayuda de todo género. Limitado naturalmente por la disponibilidad de medios que dispone”. El diplomático y el etnólogo se llevaron “optimas impresiones bajo todo punto de vista”. “Los terrenos en verdad son espléndidos y constituyen una propiedad principesca. Abundancia de praderas existentes, bosques extensísimos, ricos en maderas preciosas, extraordinariamente pobladas de frutos de naranja, y de frutas exquisitas y con tierra fertilísima y agua en cada lugar”.

Colonia - Sta Clara De Fiesta
Autora: Amancia Vera

La Colonia entusiasma

“En cuanto al estado actual de las instalaciones”, prosigue Boggiani, “teniendo en cuenta el poquísimo tiempo desde que empezaron los trabajos, el tiempo perdido en estériles tentativas y la escasez de medios”, “me parece poder declarar sin exageración que esto es absolutamente floreciente; y en los más de los casos, lo que más sorprende es que en tales infelices condiciones aquella buena gente supo hacer tanto”. Con ese entusiasmo se expresaba Guido Boggiani en su artículo. “Es indiscutible que el provenir de estas familias, si saben perseverar en el trabajo y si mantienen buena armonía entre ellos, está plenamente asegurado. Y así será para aquellas familias que llegarán a alcanzar a las primeras, porque vendrán no del todo desprovistas de medios y vendrán bien dispuestas al trabajo y a seguir el ejemplo de quienes les precedieron”.

"Escriba a Italia, Señor Ministro"

Malaspina y Boggiani también quedaron impresionados por el espíritu elevado de los colonos. Y por el sentimiento patriótico que la presencia del representante del Rey y del Gobierno de Italia había despertado en los ánimos, verdaderamente conmovidos. A la hora de la despedida, los colonos se expresaron así: “Escriba a Italia, Señor Ministro, que no es para nada verdad que nosotros estamos acá muriendo de hambre. Diga que estamos bien, que estamos contentísimos de haber venido acá. En principio, no conociendo bien el país, pasamos momentos de miseria y algunas horas de desesperación, especialmente cuando no habíamos todavía aprendido a defendernos de los mosquitos. Pero ahora que nos hemos acostumbrado (…) y que sabemos cuan buena es la mandioca y las bananas, que hemos probado y visto la abundancia de estas naranjas que son igualmente buenas y aún más quizás que las de nuestra Sicilia, estamos contentísimos de estar aquí".

Colonia - Santa Clara Sicilianos
Juan Gorostiaga, Marta Ochipinti, Adili Licitra, Jorge Rios e Irma Cabral. Autor: Jorge Ríos Rivela

"No nos olvidamos en absoluto de ser italianos"

“Damos gracias de corazón a nuestro Presidente (el Dr. De Stefano Paternó), y deseamos vivamente que vuelva pronto y que vuelva con numerosas otras familias de nuestros pueblos. A ellos nuestras pasadas fatigas servirán de ayuda y nuestra experiencia de consejo. Y diga a nuestro Gobierno que nosotros no nos olvidamos en absoluto de ser italianos. Y que, aunque estamos dispuestos a pasar el resto de nuestras vidas en este bello país, para intentar hacernos una posición cómoda y dejar a nuestros hijos su futuro asegurado, en Italia pensaremos siempre con el más profundo afecto y enseñaremos a nuestros hijos a amarla”.
Así, con estas emotivas palabras de los colonos de la Trinacria, termina el artículo de Guido Boggiani en el periódico L’Illustrazione Italiana del 25 de noviembre de 1899.